

2010
Una vez más y, fiel a su estilo, Cristina Fernández, que es Kirchner, pretende avasallar todo, el sentido común, la opinión pública, la Constitución Nacional y, lo peor de todo, al Poder Legislativo y el Poder Judicial.
Esta vez le tocó al Banco Central de la República Argentina, incluso pisoteando su Carta Orgánica.
Más allá de que a esta altura de las circunstancias no deberían asombrarnos estas atrocidades de los Kirchner, no deben dejar de indignarnos.
Realmente no hay demasiados conceptos para agregar a este nuevo despropósito kirchnerista, puesto que es tan burdo como público, notorio y mal intencionado que no resiste ningún análisis, ningún justificativo y, mucho menos, ninguna explicación medianamente lógica o coherente; salvo lo que cae de maduro: obtener recursos económicos a través de cualquier medio y de cualquier manera.
Ahora bien, teniendo en cuenta la manifiesta ilegalidad en que incurrió la supuesta abogada, quien ocupa el cargo de Presidente de la Nación, Cristina Fernández, en sus dos últimos Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) en relación a la conformación del “fondo del bicentenario” y la expulsión arbitraria del Presidente del Banco Central de la República Argentina, Martín Redrado, y considerando el enorme peligro que estas actitudes representan para el sostenimiento de las instituciones violentando, literalmente, -y como es notorio- las leyes que nos gobiernan, tanto el Poder Legislativo como el Judicial se deberían poner en funcionamiento de manera urgente, utilizando todos los medios que fueran necesarios para echar luz y Justicia a este atropello del Poder Ejecutivo mediante la anulación de ambos DNU como el camino más rápido para resolverlo.
En caso contrario, además de volver a vivir un nuevo conflicto innecesario, como fue el de la crisis del campo, nuevamente nos veremos perjudicados por culpa de otro capricho kirchnerista, matrimonio al que, como pudimos apreciar, no le interesan las consecuencias, ni las propias ni mucho menos las que puedan caer sobre la Nación.
Un indicio de ello fueron las manifestaciones espontáneas de los empleados de Banco Central defendiendo la posición de Martín Redrado.
Por supuesto, es claro que, más que un apoyo a Redrado, las manifestaciones fueron en contra del gobierno. Tan notorio es esto como el intento patoteril por parte del Gobierno de intentar contrarrestar la manifestación, enviando punteros camuflados mezclándose y manifestándose a favor de la decisión del Ejecutivo. Un verdadero mamarracho.
Obviamente, este nuevo escándalo que promueve el kirchnerismo es el que más contiene y expresa su verdadero desprecio por la democracia, la independencia de poderes y, por supuesto, el respeto irrestricto de la ley, o sea, de la Constitución Nacional.
Pablo Dócimo


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